Por Sebastián Urbina

Donna Leon (New Jersey, 1942) es uno de los grandes nombres del género policíaco. Esta destacada escritora, dijo:”En las próximas elecciones norteamericanas votaré por el candidato demócrata, sea quien sea, Mickey Mouse, Tina Turner …”

Se refería a las elecciones presidenciales de 2012, que ganó el demócrata Barack Obama frente al republicano Mitt Romney. El ejemplo es de 2012 pero ahora la situación es parecida. Si hablamos de Clinton y Trump es similar. En España es por el estilo. ¿Se acuerdan de la conocida escritora y periodista Maruja Torres? En la edición electrónica del “Diario del Barcelonés” – del grupo Editoriales Cibeles– se le hizo una entrevista el 30 de mayo de 2008. Dijo: ‘Los votantes del Partido Popular son unos hijos de puta’.

Estas declaraciones muestran que se puede ser competente en un área determinada- novelista de éxito, en el caso norteamericano, y periodista-novelista, en el caso español- y ser, al mismo tiempo, un imbécil político. Lo mismo diría si alguien comentara una grosería parecida en relación con el partido demócrata. O en nuestro ámbito, el PSOE. Es decir, se puede ser imbécil político en cualquier bando. Aunque, no necesariamente, en la misma proporción e intensidad.

Por no comentar que si hubiera sido un hombre el que hubiese puesto al mismo nivel a Tina Turner y a Micky Mouse, habría sido acusado de machista, fascista y otras sutiles argumentaciones feministas y de progreso. Aunque no sólo feministas. Las idioteces de progreso se extienden como mancha de aceite. El hombre que se hubiera atrevido a decir lo mismo que dijo la novelista americana, habría sido masacrado, también por la prensa conservadora. En fin, una cuestión de mediocridad y cobardía. Políticamente correctas, eso sí.

Sin embargo, la idiotez política que comentaba al inicio, suele ser más habitual en ‘la izquierda’ que en la derecha. ¿Por qué? Una respuesta es que la propaganda y la manipulación son muy superiores en la tradición de la izquierda. Como es de ver en España, y en muchos otros países. El PP es casi tonto de libro en este aspecto de la comunicación y propaganda. 

Pero hay otra respuesta, además de la competencia manipulativa de las conciencias, especialidad de la izquierda y asimilados. Es la teoría del virus. Una vez que de joven- es lo habitual-, alguien se sumerge en las aguas bienaventuradas de la auténtica libertad, auténtica igualdad, auténtica emancipación y otras bobadas de progreso, es muy difícil escapar de esta enfermedad. O sea, el virus de la superioridad moral. Creen tener derecho a imponer sus ideas. ¡Facha el que no bote!

Cuesta lectura, reflexión, honestidad intelectual y coraje, curarse de este virus de progreso y luego, soportar el vacío resultante. Insultos aparte. El desprecio es mayor hacia las personas que han tenido el privilegio de ver ‘la verdad verdadera’. No tienen perdón. Haber visto la luz y enfangarse en las tinieblas conservadoras, no es comprensible.  

Creo que esta enfermedad viral es la que explica que hubiera millones de ciudadanos que votaron a Rodríguez Zapatero.  ¡Es que es de izquierdas! ¡Es que es Mickey Mouse!  ¡Por dos veces fue elegido por el pueblo español! No es que los demás presidentes fuesen genios, pero el nivel zapateril era de tercera división.  

Otro progre USA, Gore Vidal– que murió en 2012-, siguió diciendo bobadas a sus 81 años. Lo que muestra la enorme resistencia y duración del virus de progreso. Eso sí, lo dijo desde su lujosa mansión de Los Ángeles. El análisis que hizo de la sociedad norteamericana es este: ”Nos hemos convertido en una sociedad totalitaria”.

Este bon vivant, habría pasado sus últimos años en la cárcel si, realmente, hubiese vivido en una sociedad totalitaria. Pero lo dice porque sabe, como los giliprogres ibicencos, que no pasa nada. Ibiza 2007: una imagen de Apolo contempla una escena de sexo homosexual con el Papa Juan Pablo II como protagonista pasivo. Jesucristo carga con la cruz, mientras en primer plano un ser (mitad hombre/mitad mujer) exhibe un pene sobre su boca. Estas imágenes forman parte de las obras de Ivo Hendriks incluidas en la muestra colectiva ‘Vamos a Ibiza’.

¿Se atreverían con Mahoma? Ni pensarlo. Son, además de guarros, unos cobardes.  Saben que los católicos no les pondrán una bomba en el culo.

 En fin, si es usted de esta fauna progresista tendrá que aplaudir con las orejas a Gore Vidal y a los giliprogres ibicencos, diciendo que son valientes que se ‘atreven‘ a denunciar el fascismo USA y a la Iglesia Católica.

Más recientemente, el piloto de moto GP, Aleix Espargaró, en un descanso, antes de correr el Gran Premio de Aragón- septiembre de 2017-, dijo:  “El Gobierno español se pasa por el forro la democracia; vamos a una guerra civil”.

Se trata de un enfermizo analfabetismo político- ¿sólo político? -, de este piloto catalanista, que ni se entera, ni se quiere enterar, porque tendría que cambiar más cosas de las que desea cambiar. Es como Gore Vidal. El piloto catalanista Espargaró sabe que mentir sobre el gobierno central e insultar a la democracia española y sus representantes, sale gratis. Sin embargo, es de ‘fachas españolistas’ decir que los independentistas catalanistas- del prusés’- son golpistas. O que los ‘Jordis’- Sánchez y Cuixart-, son políticos presos. No son presos políticos.

Necesitamos, en estos difíciles momentos, (2020) políticos honestos, inteligentes y valientes, conscientes del peligro- entre otros- del Foro de Sao Paulo (iniciado por Fidel Castro y Lula en 1990), programa de la ultraizquierda comunista, ya instalado en España, con los comunistas Iglesias, Montero, Garzón y Díaz en el gobierno de Sánchez. Además de los separatistas antiespañoles- y delincuentes condenados por el TS–, que ahora ‘negocian’- de tú a tú- con el presidente Sánchez. 

En una entrevista con Jot Down (revista cultural) en octubre de 2015, Pablo Iglesias: ‘Yo creo que me puedo sentir revolucionario en el diagnóstico, es decir, me considero marxista, pero soy consciente de que cambiar las cosas no depende de los principios sino de la correlación de fuerzas’.

El otro virus. Está avisado.

Este artículo se publicó originalmente en El Mundo de Baleares