Por Fernando Merino

De un tiempo a esta parte la izquierda se está retratando vehementemente y el punto es que la presidenta socialista Francina Armengol se vanagloriaba el pasado noviembre de que por fin en España había un gobierno gemelo al de Baleares, y tan gemelo, que se ha producido la primera coincidencia con el escándalo de las niñas y niños tutelados víctimas de abusos sexuales y la consecuencia inmediata esa negativa, tanto en el Parlament balear como en el Congreso de los Diputados, a exigir responsabilidades políticas.

Tan segura parece estar la izquierda, que llama “indigna” a la oposición por exigir comisiones de investigación, confiada como está en que el electorado sigue cautivo por siempre del síndrome de la memoria de los peces.

Científicos canadienses, en noticia de última hora, aseguran que eso de los treinta segundos como el tiempo límite de la memoria de los peces pues va a ser que no. Incluso, parece que se les puede adiestrar para adquirir cierta memoria del territorio, que nada tiene que ver con la película de Elisabeth Gill, porque sí hay visión consciente de lo que les rodea; que traducido en el electorado, es decir en ‘nosotros’, remite a lo que deseamos y también a lo que aspiramos, guardando en la memoria el rostro y las siglas que nos lo niegan. La ‘corrección política’ no les servirá de nada con la que va a caer.

El electorado, empieza a dejar de ser peces sin memoria ignorantes de todo cuanto ocurre en las cloacas de la izquierda por mucho que el ministro José Luis Ábalos tenga “una tranquilidad enorme”. Que sigan en su ensoñación, y como el correr de la legislatura es un continuo navegar hacia las urnas, el discurso de la izquierda intentará habilitar mensajes en la línea del engaño.

Si hace falta echando mano de sus voceros mediáticos. ¿Que el mandamás de guardia suelta como en el anuncio: ‘Tengo una llaga’?, los voceros acto seguido piarán: ‘!Tiene una llaga!, ¡tiene una llaga!, ¡tiene una llaga!’.

Cambiemos ‘llaga’ por ‘crispación’, ‘bloqueo’ y el resto de mantras, y está servida su confiada obsesión en la precaria memoria de los peces.

No han pasado los cien días de cortesía, y las semejanzas crecen y crecen, y vuelven a crecer. Pero el Gobierno de España no es ninguna broma, así que sus torpezas servirán para reconocernos cautivos del Govern balear. Al fin comprenderemos que el Pacte de Progrés no es ninguna broma sino todo lo contrario. Salvo que continuemos cautivos de la memoria de los peces.

Este artículo se publicó originalmente en El Mundo de Baleares