Por Sebastián Urbina

‘Para empezar, habrá que destruirlo todo. Toda nuestra maldita civilización deberá desaparecer antes de que podamos traer alguna decencia al mundo’ (‘‘Mourian’, en Les Thibaut, de Roger Martin du Gard).

Esta utopía irresponsable y ensangrentada, ha llenado y llena, todavía, el corazón de millones de personas. Creen ser mejores porque desean una especie de ‘mundo feliz’, en el que no habrá contradicciones, en el que existirá el ‘hombre nuevo’ (de izquierdas, por supuesto) y en el que todos seremos felices.

¿Simpleza? Sí, pero esta utopía lleva sobre sus espaldas unos cien millones de muertos. A pesar de los insultos que han recibido los historiadores franceses, autores del ‘Libro negro del comunismo’, editado por Stéphane Courtois, director del Centre National de la Recherche Scientifique

Según algunos, lo ‘malo’ no es de izquierdas. Si usted dice que la Stasi, la Checa o el Gulag, son de izquierdas, será acusado de facha. Usted debería saber que, si algo va mal, no es, realmente, de izquierdas. La conclusión es que solamente ‘lo bueno’ es, verdaderamente, de izquierdas.  En cambio, si es usted católico e intenta convencer a un izquierdista de que la Inquisición ‘no es, verdaderamente, catolicismo’, será despreciado como hipócrita y falsario. Pues bien, la Inquisición forma parte de la historia del catolicismo y la Checa, el Gulag y la Stasi, forman parte de la historia de la izquierda.

En la izquierda es habitual idolatrar a criminales sin escrúpulos. Y se hace a la vista de todo el mundo. Un ejemplo es la adoración por Che Guevara. Innumerables personas llevan, o han llevado, camisetas con la imagen de este criminal sin escrúpulos. Pasen y lean estas palabras suyas: ‘Debe dársele al reo la posibilidad de hacer sus descargos antes de fusilarlo. Y esto quiere decir, entiéndase bien, que debe siempre fusilarse al reo, sin importar cuáles hayan sido sus descargos. No hay que equivocarse en esto. Nuestra misión no consiste en dar garantías procesales a nadie, sino en hacer la revolución, y debemos empezar por las garantías procesales mismas’.

En esta línea de degradación moral -pues admirar a un asesino es degradación moral- encontramos una de las potentes hipocresías de la izquierda, la de distinguir entre dictaduras buenas (las de izquierdas) y malas (las de derechas). Conocidos ‘intelectuales’ de izquierda y artistas, han alabado públicamente al dictador Fidel Castro. No les da vergüenza. Eso sí, Pinochet era malísimo porque era un dictador de derechas.

¿Cómo es posible tanta desfachatez? Porque se creen moralmente superiores. ¿Y quién les ha otorgado tan noble título? Nadie. Ellos mismos se lo han dado. ‘Porque yo lo valgo’. Como los anuncios de las cremas antiarrugas. Pero lo peor no es esto. Lo peor es que hay gente que lo traga. Por eso es tan importante controlar el sistema educativo y los medios de comunicación. Para adoctrinar y manipular. Es lo que hacen diariamente.

Seguro que hay gente ‘de izquierdas’ que no desprecia la familia, la religión, la propiedad privada, la sociedad de mercado, etcétera. El problema es que amplios sectores de la izquierda (con poder político y sin él) adoptan actitudes que van en contra de todo lo anteriormente citado. Cualquiera sabe, o ha visto, desprecios e insultos a la Iglesia Católica. No al Islam. También es cosa sabida su odio/desprecio al capitalismo, aunque no les queda más remedio que gestionarlo cuando gobiernan. Habitualmente mal.

Una profunda hipocresía atraviesa el pensamiento y la acción de la izquierda, aunque no en completo monopolio. Se trata, como he dicho, de su desprecio por la sociedad de mercado. Sin olvidar, como decía el escritor y periodista George Orwell, su odio a los ricos.  La izquierda no tiene un modo de producción propio que sea presentable. Lo ha intentado, pero ha fracasado, repetidamente, de manera estrepitosa. Ha tenido que aceptar el modo de producción del ‘enemigo’. Su intervencionismo en materia económica, es una permanente muestra de su deseo totalitario de dirigir de ‘forma progresista’ la economía.

Recordemos, por ejemplo, el rotundo fracaso del presidente Mitterrand (1981/1995) que quiso sustituir ‘la lógica del beneficio’, propia de los malvados capitalistas. La izquierda utiliza un modo de producción que desprecia, porque es el de ‘la derecha’. Además, compara la realidad (la sociedad occidental) con un mundo ideal (el suyo), y gana siempre.  Y, encima, se creen mejores. Además, no necesitan argumentar. Basta llamar ‘facha’ al adversario, o enemigo.

 A principios del año 2020, vivimos una gran mentira protagonizada por el presidente en funciones, el socialista Pedro Sánchez. No sólo mintió a los electores en cuestiones muy graves, sino que ha formado un gobierno que pone en peligro el régimen constitucional de 1978. Sánchez mintió, repetidamente, al decir que nunca formaría gobierno con los comunistas de Podemos, ni pactaría con los separatistas antiespañoles. Y mucho menos con Bildu, la heredera del mundo etarra. ¿Qué opina el pueblo soberano?

Sus camaradas de gobierno, comunistas, admiran modelos político-económicos fracasados, como el cubano y venezolano. Pueden comprobarlo en las hemerotecas. Además, el mantenimiento de este gobierno social-comunista depende del apoyo de proetarras y de separatistas antiespañoles.

No sólo sucede en España. En esta dramática idiotez han participado no sólo intelectuales ‘de izquierdas’, es cierto. Pero son abrumadora mayoría. Es decir, la propuesta de utopías irrealizables (llenas de sufrimiento y sangre) han ido de la mano de la mentira y de la falsificación de la realidad. Podemos verlo en el libro de Martin Amis, ‘Koba, el temible’. O la conocida petición de J. Benda, en La traición de los intelectuales, de no subordinar la verdad al compromiso. O ‘Memoria del comunismo’ de F.J. Losantos. Etcétera.

Tómenlo en serio, porque no tienen escrúpulos. Aunque, afortunadamente, no toda la izquierda es así. Diré algunos nombres de la izquierda inteligente y decente: Rosa Díez. Nicolás Redondo, Maite Pagaza, Fernando Savater, C.A. Molina, y un largo, aunque insuficiente etcétera para gobernar.

A principios de enero 2020, Joaquín Leguina, un socialista valioso y respetable, dijo, ‘nos moveremos para reconstruir el PSOE’. ¡Ojalá lo consigan!

¿Qué es ser de izquierdas? Utopías aparte.

Este artículo se publicó originalmente en El Mundo de Baleares