Por Fernando Merino

El ministro José Luis Ábalos ha definido a la perfección la naturaleza de la casta, cuando afirma “he llegado a la política para quedarme”, negando así toda posibilidad de dimisión por mala gestión. Sabiendo que nació en 1959 y empezó en el PCE en 1976 su curriculum al igual que ocurre con Adriana Lastra, no conoce otra actividad que la adhesión inquebrantable al aparato, con dificultades para entender el funcionamiento del día a día en la vida del común. En pocas palabras, aferrados a la mamandurria.

Eso de venir a la política para quedarse, parece significar: no hay dignidad que valga en abandonarla cuando se falta al compromiso con la ciudadanía.

En definitiva, no hay honorabilidad alguna en el gesto, y esto mismo viene a ocurrir con el Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales –IMAS-, ante el escándalo de la explotación sexual de menores. La portavoz del Govern, lo dejaba claro: “Una dimisión no sirve para resolver el problema”. Palabra de Pilar Costa, que a su vez viene a significar, que nadie en política tiene claro la conveniente necesidad de asumir responsabilidades. Solamente desde la oposición tiene sentido reclamar la asunción de responsabilidades. Una vez tocando poder, se diluye tanta conveniencia: una dimisión no resuelve…

Sobre el papel, decía mucho de la consellera Fina Santiago su celeridad en comparecer ante comisión parlamentaria. Le precedía el prestigio ganado a pulso en asuntos sociales. Hasta que abrió la boca para tirar balones fuera, cargando incluso las tintas contra la actuación policial que ya es manera de hacer amigos, y en último extremo: “La competencia es del Consell Insular de Mallorca”. Competencia transferida, conviene recordar, y ‘transferir’ es “ceder la atribución que se tiene sobre algo”, nos recuerda la RAE, lo que significa que jamás desaparece del todo el poder que tiene el Govern sobre cualquier materia referida a los asuntos sociales.

Menos mal que la presidenta Francina Armengol asegura que, “el Govern, no mira hacia otro lado”. Tal vez se refería al ojo distraído de Aigor y con ello se explicaría tanta inactividad, sin malicia, que por algo la izquierda es buena. Tanto, que las feministas radicales guardan silencio sobre las niñas tuteladas que han sido objeto de explotación sexual. El Pacte es una piña.

Somos la comidilla en toda España, y tal vez la inactividad que ahora se ha destapado, tenga que ver con “la fatal arrogancia de una clase política que se cree imprescindible”, como indica Joan Font Rosselló refiriéndose tanto al IMAS como, en general, al Estado del Bienestar.

Este artículo se publicó originalmente en El Mundo de Baleares