Por Gabriel Le Senne
Pedro Sánchez tiene ante sí dos posibilidades, que básicamente dependen sólo de su decisión personal: puede pactar con comunistas y separatistas, o puede pactar con PP y, si quieren, con Cs. Evidentemente, todo parece apuntar a la primera opción, que llevan semanas buscando. Pero no tiene por qué ser así. No debería ser así.
En un país con una democracia madura y sólida y unos ciudadanos con un nivel cultural elevado, el PSOE pactaría con el PP mil veces antes que con un partido que mira con simpatía el comunismo bolivariano, y con unos partidos separatistas que exigen poder acabar con la integridad territorial de la nación española, partidos cuyos líderes han sido condenados por gravísimos delitos o andan fugados de la Justicia.
Sánchez -y Casado- podrían convertirse en los hombres de Estado que solucionaran los graves problemas que España lleva arrastrando desde la Transición: la ley electoral que concede a los nacionalistas un poder desproporcionado, el inconcluso Título VIII de la Constitución, los derechos individuales pisoteados en numerosas autonomías, por ejemplo por no poder educar a los hijos en su lengua materna, la dudosa independencia del poder judicial. Sí, ya sé, pero por pedir que no quede, que estamos en Navidad.
Pese a que se le nota cierta tendencia al radicalismo, no tiene por qué ser así. Creo firmemente en el libre albedrío, y en la capacidad de las personas para cambiar. Piénsalo bien, Pedro: si optas por la moderación, tienes hasta más opciones de permanecer en el poder. No tengo la menor duda de que un PSOE moderado podría mejorar espectacularmente sus resultados electorales, máxime con toda la potencia de fuego de los medios de comunicación de que dispone. Si consiguen colocar la mercancía averiada que vienen difundiendo, imagina lo que podrían hacer explicando cosas acertadas y de sentido común. Los secesionistas se están enrocando exigiendo medidas claramente inconstitucionales: autodeterminación, libertad de presos condenados. Nada te obliga a pactar con ellos.
Piénsalo, Pedro. El hombre de Estado, el político moderado que supo anteponer los intereses del país a sus preferencias ideológicas personales, el presidente que supo pactar y estabilizó y aseguró el Estado de Bienestar -y su gobierno- durante varias legislaturas.