Por Fernando Merino

No hay nada más molesto que un entrevistador o entrevistadora empeñado o en su caso, empeñada, en largar una tesina antes de hacer la pregunta. No digamos ya, cuando la tesina en cuestión se concreta en un largo rosario de reproches. Lo que unido a la política espectáculo que es lo que hoy se lleva nos deja un producto vacío de contenido, huérfano de claridad. Respuestas, por lo general inevitablemente a la defensiva, en lugar de enriquecedoras.

Es tan aburrido y previsible el panorama político, tan necio, que la política espectáculo necesita alimentar la parrilla de programación audiovisual con novedades que ir quemando, y así, sacralizar el ego de los gurús revestidos de padre imprescindible en la nueva patria dibujada en el Monopoly en que se ha convertido lo que antes era el mundo real. En este contexto, me llamó la atención cuando la estrella del momento Inés Arrimadas le dijo a Susana Griso «déjeme responder», y la catalana, dale que dale, «pero si no le hecho la pregunta». Las mañanas televisivas hace tiempo que son infumables.

Tiene la suerte esta catalana que su principal competidor, Los Desayunos, ha degenerado en la voz de su amo, algo que lamento profundamente desde mi condición de trabajador jubilado de RTVE. Lo que me lleva a practicar, un ejercicio de confortable salud mental a través del zapping. En eso voy y me encuentro con este rótulo en Espejo público: «Primera entrevista, con Inés Arrimadas, después de la dimisión de Albert Rivera. Yo, votante de Ciudadanos me pongo cómodo en la butaca, esperando muy expectante la buena nueva.

Me decepcionó Griso en su empeño por machacar a la entrevistada como si fuera, la Griso, votante defraudada de Cs, algo bastante improbable dada su inconfundible catalanidad. Lo que, en el fondo, me llenó de orgullo, porque venía a significar que la morritos deseaba machacar a la candidata futurible de Ciudadanos, no vaya a ser. Y, en esas, Arrimadas se creció como suele.

Muy lamentable la entrevista de Susana Griso a Inés Arrimadas, y olé por el coraje de la presumible próxima candidata de Ciudadanos al Gobierno de España. Griso se empleaba a fondo en los reproches y en procurar anularla, y en esas tuvo enfrente a una mujer que no juega al Monopoly, concentrada como estaba en reactivar ese imprescindible centro político, que de una vez valide la fortaleza del constitucionalismo, como realidad capaz de restaurar la convivencia alejada de los cantos de sirena del populismo.

Este artículo se publicó originalmente en El Mundo de Baleares