Por Gabriel Le Senne

El sábado se cumplió el 30º aniversario del derribo del Muro de Berlín. Para conmemorarlo se celebraron actos en diversas ciudades europeas. En Madrid, concretamente, como ya anuncié en mi último artículo, tuvo lugar la conferencia organizada por El Club de los Viernes y por Civismo para la presentación del “Manifiesto para un Nüremberg del comunismo”, con ponentes de lujo: Stéphane Courtois (coordinador del “Libro negro del comunismo”), Federico Jiménez Losantos, Hermann Tertsch Del Valle-Lersundi, Francisco Cabrillo, Julio Pomés, Francisco José Contreras y Ángel Fernández. He podido ver la grabación del acto, y lo recomiendo vivamente; es de un nivel poco frecuente. Podrán encontrarlo con facilidad -por ejemplo, en mi muro de Facebook.

Y es muy necesario verlo para entender qué se conmemora, porque los medios se las han apañado para hablar del aniversario sin mencionar el comunismo, como si el Muro hubiera aparecido y caído por arte de magia, o como si hubiera sido un problema urbanístico, decían en broma los ponentes. La realidad es que el Muro fue el producto de una ideología criminal de la que querían huir quienes la sufrían. Observen que la gente siempre huye de los países comunistas hacia los capitalistas, nunca al revés. Por eso los comunistas acaban por convertirse en cárceles.
La tesis de este necesario Manifiesto contra el comunismo es que mientras el totalitarismo nacionalsocialista fue juzgado al final de la Segunda Guerra Mundial en los Juicios de Nüremberg, y recibió una justa condena legal, moral y política por sus crímenes, el igualmente totalitario comunismo, que ha causado incluso más muertes y sufrimiento, y durante mucho más tiempo, goza aún de buena reputación en nuestras sociedades.

“Desde 1917, las dictaduras comunistas o socialistas han causado en todo el mundo más de 100 millones de muertes. No solo son responsables de la extensa supresión de libertades individuales y de la incitación al odio de clase, sino también de genocidios y matanzas masivas, repetidas sistemáticamente por los sucesivos regímenes comunistas. (…)
El comunismo no cayó con el Muro de Berlín. Esa ideología sigue viva en el mundo, en Estados y partidos que se declaran abiertamente comunistas, y en un pensamiento político y cultural que minimiza e intenta borrar los crímenes del comunismo, como si se tratara de una buena idea que coincidió solo accidentalmente con un régimen brutal tras otro, a través de las décadas y los continentes.”
En efecto, vemos cómo el comunismo está bien vivo en Hispanoamérica, no sólo en Cuba y Venezuela, sino extendiéndose gracias al Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, por Argentina, México, causando graves problemas en Bolivia, Chile, etc. Pero no sólo allí: la República Popular China amenaza con convertirse en la primera potencia mundial, aunque sea por pura demografía, entre otros muchos casos.

En este peligroso contexto, PSOE y Podemos acaban de alcanzar un “preacuerdo” para formar un gobierno de coalición, de modo que parece que pronto tendremos en España un vicepresidente comunista (o comunistoide, si se empeña en esquivar la etiqueta que antes exhibía con orgullo), vinculado con el comunismo bolivariano, como el mismo Pedro Sánchez ha reconocido públicamente. Y mientras, tienen al Rey de viaje de Estado en Cuba, posando delante del retrato del Che Guevara.
Me llega un interesante análisis de Iván Espinosa de los Monteros al respecto. Señala lo sorprendente de que Pedro y Pablo (hay quien los llama los Picapiedra, aunque me ha hecho más gracia el Frónkonstin y Aigor de Santiago González) no se hayan puesto de acuerdo en seis meses, y lo hagan ahora en 24 horas. Como no dan puntada sin hilo, lo atribuye, primero, a la necesidad de anular el impacto mediático del éxito de Vox, creando un sentimiento de desazón entre sus votantes para condicionarlos al estilo del perro de Paulov, uniendo a su voto ese resultado desagradable, y segundo, a anclar expectativas, es decir, establecer un escenario tan calamitoso (Iglesias vicepresidente) que después un escenario algo menos horrible parezca hasta bueno.
No sé si es cierto, pero desde luego es posible. Hoy en política todo son asesores y analistas dándole vueltas a todo. Y que nos pastorean, vaya si nos pastorean.

Este artículo se publicó originalmente en Mallorcadiario