Por Fernando Merino

¿Qué está pasando con Vox? Probablemente, que es el partido hablándonos claro sobre la situación en Cataluña. Inevitablemente, la cuestión territorial será tema central de esta campaña. No se trata tanto del auge de la extrema derecha como del hartazgo por la inacción del Gobierno socialista, así como también su permanente inhabilitación para actuar con determinación, puesto que le importan más los sondeos electorales. En el peor de los casos, impotencia para afrontar con firmeza el control del territorio, que es lo más probable.

Me resulta por completo indiferente el perfil de los políticos de Vox porque la intención del voto responde a una emergencia, asumida por el común, sin paliativos. ¡Basta ya! Es un sentimiento generalizado, y por eso mismo si en la campaña se le ocurre a la izquierda apelar al coco ¡que viene la derecha!, esta vez solo contribuirá a engordar a Abascal.
Aquí en Baleares, la sustitución del pomelo Contestí por Antonio Salvà es una novedad potencialmente determinante. Médico de prestigio y baluarte del rechazo beligerante al terrorismo, se presenta en condiciones de luchar por el voto, de tú a tú, con el resto de candidatos.
Enfrente no tiene a nadie especialmente significado salvo por el respaldo en función de las siglas. Quizás, el mejor preparado sea el candidato de Cs, es decir de Ciudadanos, Joan Mesquida, pero con el pesado lastre de no haber actuado para embridar un oscuro aparato que ha distanciado a sus votantes. Opinión generalizada es que solamente le importa su escaño en el Congreso y en tales circunstancias se arriesga a perderlo porque el centroderecha está pendiente de un hilo y en tales circunstancias más vale PP conocido, que un Ciudadanos tan desaparecido, por inepto, en el Parlament Balear.
Volviendo al papel de Vox, la sensación es que no representa a la extrema derecha, al menos aquí en Baleares. De hecho su candidato Antonio Salvà es aval consciente para que en el Congreso de los Diputados se escuche la voz irreconciliable con la barbarie que representa el nacionalismo; esa cosa tan querida por los socialistas para atarse a poltronas y a las alfombras del poder.
Después tenemos la expulsión de la momia del templo. La incógnita es cuál será la reacción de número indeterminado de votos que lo considera técnicamente una profanación, por mucha corrección política que la avale.
El esperpento del Valle de los Caídos, en un país no contaminado, debería conducir al hundimiento de los socialistas por tacharnos de imbéciles.

Este artículo se publicó originalmente en El Mundo de Baleares